En algún lugar de Jovel
En algún lugar de Jovel

Escribo estas líneas desde una casa situada al sureste de Jovel, en el barrio de los raneros, nombre ancestral de lo que hoy se conoce como San Cristóbal de Las Casas, en el corazón de las montañas del sureste del estado de Chiapas, México. Este valle, rodeado por elevaciones como son el Huitepec tsotsiles Muk’ul-huitz -“gran montaña” o “gran cerro”, Tzontehuitz y Ehecatepetl (cerro del Viento) sin olvidarnos del cerro de la Santa Cruz y atravesado históricamente por corrientes de agua como los ríos Amarillo y Fogótico, constituye no solo un espacio geográfico, sino un territorio de memoria viva, claro sin olvidarme del hoy extinto Lago de Maria Eugenia donde se podian apreciar canoas o cualquier cosa que los hisiera flotar.

Jovel no es únicamente un asentamiento urbano; es una construcción histórica que antecede al periodo colonial y hunde sus raíces en las civilizaciones originarias mayas, particularmente en los pueblos tzotziles, tzeltales, Chol, Tojolabal, Zoque, Kanjobal, Mam y otros idiomas mayas menores que habitaron y habitan esta región. El nombre “Jovel”, de origen maya-tzotzil, ha sido interpretado como “valle”, “llano” o “pradera”, haciendo referencia a la geográfia del lugar. Diversas investigaciones etnohistóricas y lingüísticas sobre los Altos de Chiapas confirman la profunda continuidad cultural indígena en esta zona, cuya presencia antecede por siglos a la fundación española de 1528.

San Cristóbal de Las Casas fue fundada por el conquistador Diego de Mazariegos bajo el nombre de Villa Real de Chiapa. Con el paso del tiempo adoptó distintos nombres hasta consolidarse como uno de los centros políticos y religiosos más importantes del sureste novohispano. Su traza urbana, iglesias, conventos y edificaciones civiles responden al modelo arquitectónico virreinal, caracterizado por influencias barrocas, mudéjar y neoclásicas, visibles en monumentos emblemáticos y al interior de ellas, la Catedral de San Cristóbal, ex convento de Santo Domingo, Iglesia de Guadalupe, Iglesia de Santa Lucia, Iglesia de La Merced, Iglesia de Mexicanos, Iglesia del Cerrillo, Iglesia de Cuxtitali, Iglesiade San Cristobalito, Iglesia de San Diego, Iglesia de San Antonio, Iglesia de San Nicolas, Iglesia del Carmen, Iglesia de San Francisco, Iglesia de San Ramon, Iglesia de Caridad y otras qu en este momento no recuerdo

Sin embargo, reducir la ciudad a su herencia colonial sería incompleto. Mucho antes de la llegada europea, este valle fue territorio sagrado para los pueblos originarios, quienes comprendían el espacio no solo como geografía, sino como cosmovisión. Para la tradición maya, la tierra, el agua, el aire y el tiempo forman parte de un equilibrio sagrado. La memoria colectiva no se conserva únicamente en archivos escritos, sino también en la tradición oral, en la lengua, en sus huipiles, en las ceremonias y en la relación espiritual con el entorno.

Cuando afirmo que la memoria no debe morir, no me refiero únicamente a la preservación arquitectónica o documental, sino a la continuidad cultural. La historia no puede entenderse como un vestigio inmóvil; es un proceso dinámico que nos interpela. Preservar Jovel implica reconocer tanto la herencia indígena como la etapa virreinal y republicana, comprendiendo sus tensiones, transformaciones y aportaciones.

El rumor de los ríos Amarillo y Fogótico, que históricamente han delimitado el valle, simboliza esa continuidad. El agua ha sido elemento vital para las culturas mesoamericanas, asociada con fertilidad, renovación y vida. En este territorio nacieron generaciones que heredaron no solo un espacio físico, sino una responsabilidad histórica: continuar aquello que nuestros antepasados iniciaron. Esa continuidad no se expresa en términos míticos, sino en el compromiso social, cultural y académico por investigar, documentar y difundir el patrimonio tangible e intangible de la región.

¿Por qué escribir Jovel y no San Cristóbal de Las Casas? Porque el nombre ancestral representa una identidad anterior a la imposición colonial. Nombrar es reconocer. Recuperar el término Jovel no implica negar la historia posterior, sino integrarla dentro de una narrativa más amplia y honesta. Diversos estudios contemporáneos sobre identidad cultural en Chiapas han señalado la importancia de rescatar las denominaciones originarias como acto de memoria histórica y afirmación cultural.

Jovel se distingue como una de las ciudades virreinales mejor conservadas del sureste mexicano. Su arquitectura ha sido objeto de análisis por historiadores del arte y especialistas en urbanismo colonial debido a la permanencia de su traza y a la riqueza ornamental de sus edificios religiosos y civiles. Este patrimonio no solo tiene valor estético; constituye evidencia material de procesos históricos que marcaron la región, desde la evangelización hasta la configuración de las estructuras sociales novohispanas.

No obstante, la verdadera fortaleza de Jovel radica en su diversidad cultural contemporánea. Hoy conviven en ella comunidades indígenas, mestizas y migrantes nacionales e internacionales, lo que la convierte en un espacio de diálogo intercultural. Esta pluralidad refuerza la necesidad de abordar su historia con rigor, sensibilidad y responsabilidad académica.

Como  observador comprometido con la memoria histórica regional, sostengo que preservar Jovel requiere tres acciones fundamentales: documentación rigurosa, educación histórica accesible y políticas públicas de conservación patrimonial. La protección del patrimonio no puede depender únicamente de la nostalgia; debe sustentarse en marcos legales, investigación académica y participación comunitaria.

En este sentido, organismos nacionales como el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han desempeñado un papel central en la catalogación y conservación de monumentos históricos en Chiapas. Asimismo, universidades y centros de investigación regional han contribuido al estudio de los idiomas, la historia colonial y la antropología social de los Altos de Chiapas.

La memoria no debe extinguirse. No se trata de una postura romántica, sino de una responsabilidad histórica fundamentada en evidencia documental, investigación interdisciplinaria y conciencia cultural. Escribir sobre Jovel es, en última instancia, un acto de afirmación identitaria y de compromiso con la verdad histórica.

Porque una ciudad no es solo su nombre oficial ni sus monumentos visibles; es la suma de voces que la han habitado, de idiomas que la han nombrado y de generaciones que han encontrado en este valle montañoso un lugar para existir, resistir y trascender.

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