Fundación de la ciudad.
San Cristóbal de Las Casas.
Con el propósito de someter y pacificar la región de Chiapas, los españoles emprendieron en 1524 una serie de expediciones militares encabezadas por Luis Marín. La primera de ellas resultó infructuosa. En la segunda, mejor pertrechados y organizados, siguieron la ruta de Coatzacoalcos y penetraron al territorio chiapaneco por Tabasco, librando enfrentamientos armados en Iztapa y en la región de los soctones, hoy Chiapa de Corzo. Tras obtener la victoria, Marín convocó a la paz a diversos pueblos vecinos —Zinacantán, Copanaguastla, Pinola, Gueguistlán y Chamula—, los cuales aceptaron sin mayor resistencia, en parte debido a sus conflictos previos con los chiapanecas. Chamula, sin embargo, opuso una resistencia más firme, aunque finalmente fue sometido.
Ante esta situación, en 1528 Hernán Cortés envió a Diego de Mazariegos para llevar a cabo una nueva campaña de pacificación. Siguiendo la misma ruta que Marín, Mazariegos llegó a Soctón Nandalumí, donde enfrentó de nuevo a los chiapanecas. Tras su derrota, los españoles establecieron un primer asentamiento formal en las inmediaciones del caudaloso río Grijalva. El 1 de marzo de ese año se firmó el Acta de Fundación de Chiapa, hoy Chiapa de Corzo.
Sin embargo, el sitio no satisfizo las expectativas de los colonizadores. El clima cálido, la presencia de ciénagas, mosquitos y murciélagos, así como el perjuicio que su asentamiento causaba a las poblaciones indígenas, los llevaron a buscar un lugar más adecuado para sus fines de colonización. De este modo, se internaron en el Altiplano Central hasta llegar al valle de Jovel, donde encontraron un clima templado, abundancia de agua, buenos pastizales y un entorno serrano que ofrecía protección natural, sin afectar directamente a los pueblos originarios de la región.
Al fundarse la ciudad en 1528, la nueva villa fue encomendada a la advocación de San Cristóbal Mártir. Años más tarde, en 1536, la Catedral recibió formalmente dicha advocación, consolidándolo como patrono de la ciudad. Desde entonces, San Cristóbal es considerado protector de viajeros, choferes, automovilistas, barqueros, marineros, aguateros y vendedores ambulantes, celebrándose su festividad el 25 de julio.
El apellido Las Casas honra a fray Bartolomé de Las Casas, fraile dominico que aceptó el episcopado de Chiapas en 1543 —tercer obispo nombrado, aunque el primero en ejercer plenamente— y llegó a Ciudad Real en 1545. Su breve estancia estuvo marcada por los conflictos con los encomenderos españoles, experiencia que lo llevó a regresar a España y emprender una intensa lucha en defensa de los derechos de los pueblos indígenas. Por esta labor se le reconoce como el Defensor de los Derechos Humanos de los pueblos americanos. En 1848, mediante decreto del Gobierno del Estado, se agregó oficialmente el apelativo Las Casas al nombre de la ciudad, en honor a su legado.
A lo largo de los siglos, el nombre de San Cristóbal de Las Casas sufrió múltiples transformaciones, reflejo de los cambios políticos e ideológicos de cada época. Antes de la fundación española, el valle deshabitado del altiplano central era conocido como Hueyzacatlán, vocablo náhuatl que significa “junto al zacate alto”. Los tzotziles lo llamaban Tzequil, “hoja verde”, mientras que los tzeltales lo conocían como Jovel, “zacate pajón”.
En 1528 recibió el nombre de Villa Real de San Cristóbal, en honor a su fundador, Diego de Mazariegos, originario de Ciudad Real, España. Un año después fue denominada Villaviciosa, en referencia al lugar de nacimiento de Juan Enríquez de Guzmán. En 1531 adoptó el nombre de Villa de San Cristóbal de los Llanos y, en 1536, Carlos V le otorgó el título de Ciudad Real, nombre que conservó durante casi tres siglos.
Durante el siglo XIX, en 1829, se restituyó el nombre de San Cristóbal. Ya en el siglo XX, en 1934, fue renombrada Ciudad Las Casas como parte de la política nacional de supresión de denominaciones religiosas. Finalmente, en 1943, recuperó su nombre actual: San Cristóbal de Las Casas, que permanece hasta nuestros días.
















